Pese a que Paco Ignacio Taibo II, no cumple los requisitos de ley, llegó a la sede del Fondo de Cultura Económica para asumir el cargo de gerente editorial.
Cuando los burros se sintieron estrategas, pensaron que los tableros de ajedrez adornaban la decoración.
EPIGRAMA
Que Dios me proteja
Rogará un centroamericano
al entrar en tierra mexicana…
“Dios me libre de este calvario
porque viajo sin dinero”.
Y es que:
El permiso que solicito
¡lo darán en Baja California!
Mi canto en Honor a la gente de la Huasteca veracruzana, tierra de Papantla, Veracruz, México. Mayo 2017.
Brota un canto milenario desde dentro de la jungla; eco de amor y esperanza que sueña en la paz del mundo.
Es una plegaria eterna y un círculo que reinicia. Vida que nace en la muerte; muerte que inicia en la vida.
Bailando los gavilanes acompañados de flautas y ecos sordos de tambores, ¡pedirán perdón al monte!
Son pájaros voladores que en descomunal espiga buscan atar tierra y cielo, ¡hilos de polvo, aire y sangre!
Es ruego de los ancestros que perdura entre los hijos de la selva de Papantla: corazón de la Huasteca.
Honrarán al Sol naciente en su viaje por el cielo, hasta su recinto de oro cobijado por la noche.
¡Sol que brotará del suelo¡ por la ofrenda de la vida que en el cielo se dispersa! en un baile con la muerte.
Vivirás pequeño espacio al arrullo de quetzales; bella rosa de los vientos, agua, tierra, viento y fuego.
Lentamente bajarán los rayos de sol unidos sin fatigas ni temores: ¡serán trece veces cuatro!
Ligadas están las piernas que deben surcar el monte, libres estarán las manos; sólo atadas a su fe.
¡Cuchillo de sacrificio! gritan con sordo silencio sonidos de flauta y tambor: al conejo, casa y caña.
¡Es un canto sin fronteras! es por el hombre sin razas, por hermanos sin rivales: ¡por un mundo si Miseria!
Por el árbol, por el monte, por las cascadas y los ríos, por las plantas y animales, por la aurora y los luceros.
Por el valle y los desiertos, por los mares y corales… ¡Por los bosques hechos leña! ! Por la tierra que agoniza!
Otra vez, quetzal de fuego: en un claro de la jungla rezarás por soles nuevos… Aunque el hombre… ¡No te entienda!
¡Voladores de Papantla! ¿cuánto les adeuda el mundo?
ARTURO ANTONIO TORRES MUÑOZ “JOSEFO”
Mi poema a los Voladores de Papantla
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