UN REGALO PARA SANTA CLAUS

Recibe este regalo, que es tan solo una minúscula porción de todo lo que Dios nos ha dado.

Los primeros rayos de sol del 25 de diciembre permitieron ver a Santa Claus, una carta atada a un pequeño envoltorio que alguien dejó en la puerta de su casa; al abrirla, pudo leer:

Querido Santa Claus:

Por favor, no abras el paquete que encierra nuestro regalo de Navidad hasta que termines de leer estas líneas:

Hoy, como tantos años en estas fechas, siempre viví intensamente la Nochebuena y la Navidad en compañía de mis padres y hermanos, al calor de los cantos y, desde luego, con la premura de esperar concluir la cena navideña, los rezos, los primeros besos y abrazos con el calor de familia, y así quise que mis hijos vivieran como yo lo disfruté de niño.

Ahora, que es a mí a quien correspondió organizar estas fiestas, entiendo las penurias y sacrificios que todo esto encierra, pero sobre todo la felicidad que genera en los que nos rodean.

Vivo con mi familia —como tú ya lo sabes— en las intermediaciones de las laderas del Ajusco, lo que todos conocemos como “Pico del Águila”, aquí en México, y es precisamente en esa gran ciudad en la que trabajo con esmerado empeño, pero con un pobre salario que difícilmente me permite mantener a mi esposa, a mi hija y a mi hijo, ambos aun menores de edad, pero con sueños de precoces adultos.

Los días previos a estas fechas, me hicieron recorrer esta gran ciudad por muchos de sus mercados, buscando algún regalo útil y barato para mi familia,

¡Todo estaba demasiado caro! Muy poco era el dinero que podría disponer para ello y esto —te lo comento con pena— me causó profunda tristeza. ¿Qué podía hacer para llevar a mi hogar algo de aquella alegría, que corría por calles y avenidas?

Por todos los rincones que recorrí, pude ver en la mayoría de las casas, grandes y pequeñas, representaciones del divino suceso del nacimiento, con sus pastores arriando o cargando sus animales de campo; diminutos ríos, montañas, grutas, palmeras y, sin faltar muy al final, los Reyes Magos, montando cada uno su caballo, camello o elefante.

Todas las iglesias y templos se esmeraron en hacer grande el evento con sus magníficas representaciones, buscando más allá de la alegoría, una explicación del misterio que este hecho encierra, para crear humildad, conciencia y hermandad entre los hombres de todas las razas.

Los arreglos navideños llenaban calles, techos, ventanas y banquetas, con flores, guías y guirnaldas entrelazadas con diminutos focos de colores, que prenden y apagan con ritmos caprichosos, semejando estrellas cautivas, o tal vez, enjambres de cocuyos festivos que se delatan con su luz fría, o se esconden en la noche tan solo unos segundos, y todo ello, en un concierto silencioso que vibraba en el espacio y se podía escuchar más fuerte que el sonido mismo.

Las bocacalles de las principales avenidas se engalanaron con tendederos de piñatas y cometas de luces multicolores y se multiplicaba con encendidos tonos rojos y púrpuras la “Flor de Nochebuena” nacida en este país y que hoy se puede admirar en todo el mundo, como un símbolo vivo del nacimiento del Niño Dios.

Era increíble ver mi soledad en medio de los ríos de gente que caminaba presurosa en todas direcciones, cargando vistosos regalos de espectaculares moños, que encerraban con seguridad bonitos presentes para familiares y amigos; en los rostros de aquella gente brillaba la alegría que producían los villancicos, aquellos cantos que viajaban en el aire de la fría noche de invierno, con el viento gélido que nadie sentía, por el mágico calor de la Navidad.

Mi tristeza —también con dolor te digo— iba en aumento, como una cascada de reproches a la incapacidad de mi fuerza o por lo insignificante que sentí mi presente; ¿cómo esperaría mi familia la llegada del Niño Dios? … Y así, cargando el peso de esa realidad, encaminé mis pasos directo a casa, esperanzado en otro mañana con más suerte para mis deseos.

Al llegar al pie de la falda de la montaña en que se encuentra mi hogar —ya retirado de la gran ciudad—, la noche se apreciaba más oscura, nítida e intensa la luz de las estrellas en la bóveda celeste; con ese escenario, corrieron mis pensamientos hasta los primeros años de mi vida y pude recordar los mágicos cuentos de los abuelos, los que tuvieron la virtud de congregarnos al calor de una vieja estufa de hierro forjado, la que tenía más años que la suma de los que contaban todos mis hermanos juntos: !En ese instante comprendí el verdadero significado de mi búsqueda! pude ver de nuevo el cielo cuajado de milenarias ascuas de fuego, tan cercanas y distantes; esas maravillosas flores vivas que son más viejas que la humanidad misma.

¡No! No podría encontrar en la gran ciudad los regalos que cubrieran la importancia tan especial de la Nochebuena —ya tan próxima— y corrí para llegar más pronto con los míos y hacer vivo el recuerdo y los consejos que recibí de niño y que hoy, ya entrado en años, puedo ver con claridad.

Subí por las angostas veredas de la encrespada montaña del Ajusco, tan llena de pinos, oyameles, encinos y madroños, y desde las alturas pude ver de nuevo y con un eterno asombro el inmensomar de luces de todo el caserío que había dejado atrás; semejaba un maravilloso manto de filigrana con incrustadas gemas y piedras preciosas. Poco me importaba la fatiga y el frío que con invisibles navajas cortaba levemente la piel y, por el estrépito de mi alocada carrera, se espantaban a mi paso algunos mapaches, zorros y zacatuches que cruzaban mi camino.

Llegando a casa, ya me esperaba mi familia a los costados de la vieja estufa de hierro, con una taza de chocolate caliente y canela en polvo; todos querían saber las noticias que traía de mi trabajo y de la gente, de los elevados y modernos edificios, de los arreglos luminosos con que se adornan los hogares para esperar la Nochebuena.

Así, entre asombros y sorpresas por mis comentarios, les conté aquel cuento que escuché de mis abuelos, con la esperanza de que comprendieran su real significado y, aunque sé que tú también lo recuerdas, aquí te lo escribo:

EL DUENDECILLO Y LA PRINCESITA

“ …Reunidos en casa, una tarde invernal,

Estaban dos niños y su abuelito.

Los niños con voz angelical

Decían alegres al ancianito:

¡Abuelo, abuelo!, cuéntanos un cuento.

Que sea bello como el cielo,

Tan alegre como la poesía.

Y tan sutil como el cantar del viento.

¡Un cuento es la vida! 

—dijo el anciano—… si así se mira;

En él canta la alondra herida,

Ahí nunca mueren el invierno ni el verano.

Ni el otoño ni la primavera.

Había una vez, 

Un hermoso y lejano castillo

¡Parecido a aquel! Que a lo lejos ves,

Al cual llegó un solitario duendecillo.

Vagaba risueño en sus pasillos,

¡Más de pronto! Vio una niña muy hermosa.

a la que él, sorprendido, le hizo mil cariños,

Besó su frente y sus mejillas color de rosa.

Luego se alejó y, levantando su brazo,

El duende emocionado dijo…

Me voy; te dejo un beso.

El tiempo siguió pasando.

Y la otrora princesita 

Se convirtió en mujer.

Al ver nuestro amigo lo ocurrido,

Presuroso la quiso complacer.

¡Pídeme lo que deseas!

Mi princesita, mi flor de amanecer;

Pide aquello que a tu lado quieras;

Te lo puedo conceder.

El gnomo permaneció callado y ella dijo…

Quiero una estrella,

—¡Una estrella! —respondió asombrado.

¡Sí! La quiero para soñar y jugar con ella.

Una estrella me has pedido,

No me puedo yo negar.

Pero más hube querido

dos bellezas del mundo regalar,

Mas el duende entristecido,

¡Una estrella al cielo fue a cortar!,

Y cuando a la princesa la hubo ofrecido,

¡Llorando!, no la quiso aceptar.

Bien sabías que habría yo cumplido

si tú la vida me fueses a pedir,

También sabías que te la había concedido

antes de verte sufrir.

Pero ella, arrepentida,

perdón le hubo implorado

por aquella flor que encendida, 

del cielo por su culpa hubo quitado.

¡Toma, regrésala

antes de que se marchite!

De lejos me conformaré con verla,

¡Regala, pues lo que ofreciste!

El duendecillo corrió

a traer a su princesa,

aquello que una tarde vió

de incomparable y singular belleza.

¡Una hermosa flor

y un primoroso pajarillo!

con una nota que decía:

“Te lo brinda con amor…

tu amigo el duendecillo”

“Recibe los frescos y agradables aromas

de hermosas como tú, ¡las flores!

Recibe los alegres trinos,

que dulces como tú, ¡cantan las aves!

¡Nunca en tu vida pidas

aquello que sin esfuerzo quieras!

pues muchas veces suele burlarnos

trayendo amargas y crueles realidades…”

Al terminar mi narración, por el fresco y lo avanzado de la noche, mi familia se encontraba semidormida y, sin hacer más comentarios, todos se fueron a descansar; yo quedé contento, porque comprendí que también ellos entendieron el mensaje recibido.

            Los días siguientes, ya no me cargaron la angustia de aquella innecesaria búsqueda, al menos, no por aquellos objetos con los que pretendía agradar a mi familia, con sus grandes moños y vistosas envolturas, los que de manera muy significativa habrían alterado mis escasos recursos económicos. Subí a la alta cumbre que ya lucía sus nuevas capas de nieve y desde las alturas contemplé la leyenda viva del Popocatepetl y del iztaccihuatl, aquellos amantes que los dioses aztecas convirtieron en monumentales montañas nevadas para inmortalizar su amor en el tiempo; tenía el deseo de encontrar los presentes que regalaría ya dentro de muy pocas horas.

Mi caminar por aquellos lugares me llenó del perfume que la humedad desprende de las maderas de los grandes pinos llenos de escarcha, la que el viento empieza a congelar creando pequeños cristales de hielo que semejan diminutos diamantes o pedazos de sol que llenan el espacio de rayos multidireccionales.

Recorrí sus veredas, arroyos y cañadas, maravillándome de las bellezas que dejamos de apreciar por el poco tiempo que nos dedicamos para convivir dentro del mismo espacio, con todos los seres de la naturaleza, y recobrar el verdadero sentido de la hermandad; con las plantas, árboles, flores y animales; con el viento, con el agua, con las piedras, con la luz del sol y las sombras de la noche; ser parte de ellos, del polvo vivo que es nuestro cuerpo; compartir y entender el alma que cada uno encierra.

Por fin, ¡llegó la Nochebuena! Y compartimos entre rezos y cantos los sagrados alimentos, con cuentos, leyendas y anécdotas de familiares y amigos; bendecimos nuestro pequeño nacimiento y acostamos al Niño Dios en su modesto pesebre, acompañado de la Virgen María, San José y los pastores que llegaron para acompañarlo y rendirle honores.

Al día siguiente, mis hijos cantaban felices por la llegada de la Navidad y, presurosos con los primeros rayos de luz del sol, corrieron para traer el regalo que habían escondido para entregarlo en ese momento a su madre y a mí: Era un pequeño retoño de Oyamel, para que lo sembráramos frente a la puerta de la casa y con él, invitar y recibir entre sus ramas a las mariposas monarca, que tienen sus santuarios muy cerca de nuestrohogar.

Yo saqué de un lugar oculto en mi casa, una camada de zacatuches, cinco conejillos de volcán que me encontré abandonados en la entrada de la madriguera, esperando inútilmente a su madre, la que nunca regresaría porque fue capturada por unos cazadores algunas horas antes, según las huellas de las trampas colocadas para ese fin, a escasos metros del lugar.

Mis hijos, al verlos, sintieron el deber de atenderlos y compartir con ellos el calor de hogar y de familia, de un hogar y una familia que sin saber  los pequeños zacatuches habían perdido.

Para mi esposa; coloqué en un cesto de varas de mimbre, un collar y una pulsera que mis manos hilaron con las más bonitas cuentas de pedernal y obsidiana que me regalaron los arroyos que descienden del volcán, los que en su deseo de ver al sol,  afloraron con ríos de fuego mucho tiempo antes que la llegada de nuestros ancestros a estas tierras.

Mi esposa nos regaló unos polluelos de alondra y reyesuelo que también había tomado a su cuidado, cuando unos mapaches destruyeron su nido; hoy esas pequeñas crías aumentan la alegría de nuestro hogar con sus primeros cantos.

Ahora, querido Santa Claus, podrás ver nuestro regalo envuelto en hojas de maíz, la planta que simboliza la carne de esta bendita tierra; encontrarás algunas hojas de madroño, Oyamel y encino, con bellotas de los grandes pinos, que los arroyos arrastraron desde los santuarios, y que todos pudimos cortar de un cristal de hielo, perfectamente embalados, así, como los dejó dormidos la interminable noche de la vida, con las primeras aguas de un crudo invierno.

¡Sí! Sé que te estás preguntando: ¿Cómo hicimos llegar nuestro presente hasta las puertas de tu hogar? Dejamos nuestro regalo en el techo de esta casa y fue la magia de la Navidad la que la llevó hasta tus manos.

Recibe este regalo, que es tan solo una minúscula porción de todo lo que Dios nos ha dado.

Arturo Antonio Torres Muñoz

JOSEFO

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Poema. EL MARINERO

EL MARINERO

Quisiera borrar tu nombre
o perderlo en el olvido,
¡pero en ti, vive la mar!
y yo vuelvo a ser marino.

Vago en desolada playa
azotado por las olas
¡llenas de aparente hielo!
fuegos de pasión y arena.

Seduce la blanca espuma,
abras de agitadas aguas
que devorarán mi cuerpo,
con sabor y aroma a sal.

Como un náufrago perdido
en senderos de coral,
voy camino a los delirios
que también hiciste míos.

Y aturdido como erizo
que duerme en los arrecifes,
¡No sé!, si buscar tus aguas…
o morir en soledad.

Arturo A. Torres Muñoz
JOSEFO
aartorres@prodigy.net.mx

Hay poemas que por su gran estima deben ser guardados.

Solo el tiempo revela al silencio.

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Novela. Josefo el loco

Esta novela, José el loco, realmente fue mi primer trabajo, no obstante, por cuestiones de tipo personal y laboral, se hizo necesario guardarla hasta el tiempo adecuado. Han pasado los años y los impedimentos ya desaparecieron, sin embargo, el compromiso adquirido con todos mis amigos, alumnos y compañeros del Instituto 18 de marzo seguía presente hasta el día de hoy.

¿Qué es un árbol?

La pregunta que se grabó en la mente de aquellos jóvenes y dentro de las aulas del instituto 18 de marzo de Gómez Palacio, Durango, fue: ¿Qué es un árbol?. Comprendo que las deformaciones del tiempo y del espacio han modificado los escenarios y que es mucho y muy prolongado el trabajo que tendría que realizar para cumplir este compromiso, Sé que aquellos jóvenes hoy son mayores de edad, profesionistas e incluso abuelos, sin embargo, la clase aún sigue vigente mientras no se obtenga una respuesta satisfactoria.

¿Por qué Josefo el loco?

Esta obra busca mostrar los escenarios con un personaje que los vive y llega a adquirir gratas y amargas experiencias. Debo aclarar, que al escuchar las distintas opiniones que se vertían en el transcurso de cada sesión: me sorprendieron.

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Haiku. Soledad

El constante cambio de la vida

El ciclo de la vida es interminable: nacer, crecer, morir, transformares y renacer eternamente.

Una niña jugando frente al mar
La soledad solo está en la mente, nunca en el alma.

Más grande que la razón es el eco de la sangre

El significado de los nombres también cumple los ciclos de la vida: morir y renacer.

Más grande que el mar es el silencio.

En un momento inesperado, la vida nos descubre su verdadero secreto.

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Cuento corto. LA MUERTE DE UN “IVNI”

La contaminación del río.

Desde hace años se detecta la una descarga de aguas industriales en el río ante la irresponsable complicidad de todo tipo de autoridades.

LA MUERTE DE UN “IVNI
Cuento corto.

En una de las fronteras del feudo del Pavo Real, colindante con otro feudo hermano, a quienes los lugareños llamaron —los Pavos Reales de los dos mundos—, se encontró el cuerpo inerte de un ser extraño a quien, por no lograr reconocer con exactitud sus características morfológicas, se le identificó como “IVNI”, cuya traducción literal para los ignorantes del tema, es Insecto Volador No Identificado o en otros casos “AVNI”, cuando se trata de un Animal Volador no Identificado.

Los lugareños exigieron a las autoridades del feudo, que se iniciara una expedita investigación del caso, para determinar si existía algún peligro por la aparición de aquel cuerpo extraño y saber las causas de su muerte, esto, por el temor de que se propagara algún contagio o enfermedad hasta ese momento desconocidos, o lo que en este caso fue el causante directo de la muerte del “IVNI”.

Es menester aclarar, que en dichas fronteras, apareció sin saber con exactitud, tanto el tiempo como el origen, una fuente de aguas multicolores, algo pestilentes y grasosas, a la que los lugareños bautizaron como “la fuente de los Zorrillos y del Arcoíris” esto, en el fatídico “triángulo de los feudos”, así como que sobre este hecho, los funcionarios de las regiones colindantes, jamás supieron o quisieron explicar y tampoco haber llevado a cabo las investigaciones necesarias sobre el afloramiento de referencia, en el supuesto de que tal evento fuera natural, o denunciar las responsabilidades correspondientes, si el mismo fuera producto de algún ilícito. Nunca le dieron la importancia necesaria, como es la obligación que la comunidad de la comarca les impuso, con motivo de su encargo.

También existe el antecedente de que, en ese lugar, se habían avistado “IVNIS” Y “AVNIS”, sitio del que hasta las plantas y matorrales se retiraron. De los primeros, dicen los vecinos más próximos a esa ubicación, que cuando estos seres extraños se alejan de la fuente, lanzan espantosos gritos, como de dolor, y algunos vomitando, pero eso sí, con unas hermosas franjas de colores diversos en todo el cuerpo. En cuanto a las segundas, después de adquirir esos colores extraños y vistosos, ¡se secaron hasta pulverizarse!
Al ver aquel cuerpo, el del “IVNI”, todos pensaron que se trataba, o de un animal o, en su defecto, de un insecto, por lo cual, y se dieron a la tarea de buscar a un zoólogo y a un entomólogo, para que se pudiera obtener la identificación exacta.
El zoólogo no quiso participar de aquella suerte extraña y, con mil pretextos, simplemente los mando por un tubo que los condujo directamente hasta la parte externa de su casa, es decir, hasta la pared de los vecinos. El entomólogo, más comprometido con su juramento profesional, aceptó acompañarlos en tal difícil y arriesgada tarea.
Al encontrarse frente a aquel cuerpo inerte, el sesudo científico, con la voz propia de los científicos, expresó:
Definitivamente, hermanos y amigos, nos encontramos, atendiendo a sus características morfológicas, ante el cuerpo sin vida de lo que fuera posiblemente un insecto, hecho que deberá ser corroborado con estudios directos obtenidos mediante una disección. Sin embargo, en este momento no he logrado encontrar, en el supuesto de que se tratara de un insecto, los elementos poder determinar a qué familia pertenece, ya que los colores que cubren su cuerpo son sumamente desconcertantes. Por cuanto al cuerpo, patas, alas, boca y lengua, me llevan a una encrucijada, porque puede ser que nos encontremos ante la presencia de una abeja, una mariposa, una libélula o, tal vez, alguna variedad aún no clasificada de escarabajo.
Como deben saber, estoy seguro, las abejas, y en especial las hembras, tienen cuatro alas membranosas y en el abdomen de algunas de sus especies, llevan en su extremo posterior un aguijón. El cuerpo suele ser muy velludo y tienen en las patas posteriores grupos de pelos que forman una especie de saco con el que se ayudan en la recolección del polen que obtienen de las flores.
Las Mariposas pertenecen a la familia de los lepidópteros, es decir, aquellos insectos que tienen boca chupadora constituida por una trompa que se arrolla en espiral, cuatro alas cubiertas de escamas imbricadas, es decir, sobrepuestas unas a otras como las piezas de un tejado, y ligadas con el primer par de patas delanteras, poco desarrolladas, que no les sirve para caminar.
Las Libélulas pertenecen a la orden de insectos depredadores que suelen dividirse en dos grandes subórdenes, a saber: “Zygoptera”, más conocidas como “caballitos del diablo”, mantienen las alas encima del cuerpo en posición de descanso. La “Anisoptera”, segunda del mismo suborden, es aquella que mantienen las alas extendidas cuando descansan. Ambos tipos tienen cabeza grande con ojos compuestos; de gran tamaño y sensibilidad, pero con las antenas algo cortas. Su boca está adaptada para morder. Tienen dos pares de alas, membranosas, alargadas. Su abdomen es relativamente largo y sus patas están situadas en posición muy adelantada.
En esas cavilaciones se encontraban, cuando escucharon fuertes lamentos provenientes de la calle. Prestos, los ahí reunidos, salieron y se encantaron con un gran número de abejas, las que se identificaron, ante el incrédulo científico y su concurrencia, como familiares del difunto, es decir, del “IVNI”, sin prueba alguna desde luego. ¿Quiénes y de donde son ustedes? Las increpó el científico, a lo que los aludidos contestaron: Somos abejas melíferas, avecindadas en la floración de los huizaches del feudo, y el cuerpo que aquí yace, perteneció a una de nuestras hermanas, nacida en el colmenar de la Reina Biznaga, del Real de Tres Espinas.
¡No es posible lo que ustedes afirman! —dijo el entomólogo—. El color de su cuerpo no coincide con el que tiene el IVNI, y no es por el tiempo que tiene fallecido. Este tiene manchas multicolores y ustedes tienen el cuerpo de color amarillo claro, con franjas oscuras, casi de color marrón. Por cuanto a la morfología del “IVNI”, acepto que tiene un aguijón igual al de ustedes, alas, boca y lengua también semejantes, ¡pero el color!
¡Eso tiene una clara explicación!, dijo uno de los parientes de la difunta, todo se debe a que nuestra hermana, por lo que nos contaron algunos vecinos, se fue a dar un baño para refrescarse del calor del semidesierto en que vivimos, en un lugar conocido como “la fuente de los Zorrillos y del Arcoíris”, cuyas aguas estancadas, multicolores, pestilentes y aceitosas que, según los expertos en la materia. Los Monos capuchinos y Macacos avecindados por el rumbo de Sideaplanet y Congonagua, afirmaron, que dichas aguas se encuentran un poco sucias y ligeramente contaminadas, pero también inofensivas y, como nosotras creemos plenamente en lo que afirman esos funcionarios, estamos seguras de que nuestra hermana murió de vieja, ya que había cumplido 40 días de nacida, hasta el día en que desapareció del colmenar.
¡No estoy de acuerdo!, dijo el Entomólogo, eso lo sabremos después de realizar un examen al cuerpo. Tenemos que hacer una disección total, para descartar o afirmar, la presencia de una infección o envenenamiento, como causales de su muerte.
¡No, no! Gritaron los parientes de la difunta. Si los monos capuchinos y macacos del rumbo de Sideaplanet y Congonagua declararon, ante todos los medios locales, que esas aguas son inofensivas, usted no puede saber más que ellos que son los expertos y, sin más palabrería, como los superamos en número, simplemente nos llevamos el cuerpo y haber como lo impiden.
¡No es así!, refunfuño el entomólogo. Según los conceptos y principios de la ciencia, el agua, cuando es pura, debe tener sus características naturales: debe de ser Incolora, Inodora e Insípida. No me importa lo que digan esos monos de que me hablan. Los líquidos que se encuentran en “la fuente de los Zorrillos y del Arcoíris” no reúnen las características que ya he indicado y, por el contrario, tienen colores, despiden olores nauseabundos y son grasosas, lo que me permite afirmar y declarar ¡que están contaminadas!
Las enfurecidas parientas, de lo que se dijo que era una abeja, sin haberlo comprobado científicamente, ante la sorpresiva mirada de los asistentes y la inmovilidad de los funcionarios ahí reunidos, se llevaron el cuerpo, acto que consintieron para evitar molestas aclaraciones de otros benefactores de la comunidad con los que estaban comprometidos: cosa igual hicieron los capuchinos y macacos. Por cuanto a las aguas que se encuentran en el lecho del río, “siguen un poco sucias, ligeramente contaminadas, pero inofensivas”.
El problema no es reciente, sigue igual desde hace algunos años: Aguas empantanadas y a plena luz del sol, reflejando, talvez, algún arcoíris que seguramente, por los elementos que contiene, se dispersa, sin que podamos apreciarlos, en las nubes de polvo de la región de los feudos y de los Pavos Reales. De los dos reinos y sus funcionarios, ¡no se sabe nada!

Moraleja
No te creas de los changos,
imitan a todos y piensan,
“que todos son changos.”

Arturo Antonio Torres Muñoz
Josefo

La muerte del agua.

Es criminal la indolencia generalizada de las autoridades ante la escasez de agua y la sequía de ríos y presas.

Fabiola Caballero | El Sol de Tlaxcala

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Poesía. RECLAMOS DE UN INDIO

La soledad de la sierra.

La inseguridad ha creado el flujo de migrantes internos.

El abandono Describe.

El desempleo y el hambre doblegan al orgullo de un pueblo libre.

RECLAMOS DE UN INDIO

Hoy, sentí un gran nudo en el alma, 
en los umbrales de una escuela 
lloraba un indio tarahumara, 
¡lloraba el hijo de la sierra! 

Vengo aquí a ver mi bandera 
con voz apagada me dijo;
quisiera cantarle a mi Patria, 
pero por ser indio… no puedo. 

¡Escucha el Himno Nacional! 
Mil gargantas están presentes 
y no siento el tono triunfal,
¡son mexicanos vergonzantes!

¡Ve!, son muy pocos los que cantan,
es que no aceptan su pasado,
si les preguntas… todo ignoran,
¡porque nada les ha faltado!
 
Ya no entienden de libertad 
ni los reclamos de la tierra,
ni de la carne esclavizada,
muerta y vejada sin piedad.

Se olvidaron de nuestros héroes
y que nacimos entre peñas…
¡Sin raíces!, son como migrantes
que llegan a tierras extrañas.

Ya se murieron olvidados
bajo incendiados ahuehuetes,
choque de obsidianas y aceros…
de las águilas y los tigres.

Ahí se forjaron las cadenas
que nos llenaron de ignominia,
fuimos tratados como bestias 
y el suelo se llenó de infamia.

Se olvidó a Hidalgo y Morelos,
se olvidó nuestra sangre atada,
la sangre de nuestros hermanos
dueños de todo, ¡hoy sin nada!

El oprobio incendió la sangre,
¡la libertad fue la Bandera! 
el precio colgó en la Alhóndiga…
¡No más cadenas para el hombre!

No comprenden de República
ni de tierras de manos muertas… 
Juárez fue bandera, ¡sangre india!, 
que nos dio nuevas esperanzas!

Se olvidaron de Santa Rosa,
de Río Blanco y de Cananea
y de aquellas tiendas de raya
donde moría la fuerza obrera.

¿En dónde están los mexicanos?
¡Que respondan padres y maestros!
¿qué historia tienen nuestros hijos? 
¡están perdiendo nuestros sueños!

Les apena la piel morena
y la dejarían blanca
como la tierra de caliche,
¡tan muerta como el tepetate!

Yo debo recordar mi Patria,
como la raza Zapoteca,
reyes de la tierra quebrada,
Indómita y jamás vencida.

¡Mía es la tierra de Ojinaga!
desierto que cura la noche,
de piel seca como cardenche,
que ama el agua como biznaga.

¡Mía es la tierra de las huastecas!,
donde el calor húmedo hermana,
¡Amo las tierras chiapanecas!,
tan llenas de dolor y envidias.

Las murallas de Zacatecas
forjadas en plata y cantera,
los caudales de nuestros ríos 
perfumados de álamo y jara.

Las chinampas, ¡nido de flores!, 
garzas y loros de Texcoco…
los arrecifes y corales 
que engalanan al Pacífico.

¡Amo la brisa de Campeche!,
de Yucatán y de Tabasco!
Todas las riquezas del golfo… 
¡Las que mi pueblo no conoce!

¡Yo, soy el polvo de esta tierra!
soy de otate, carrizo y yuca.
El sol curtió mi piel morena,
pintó mi pelo de obsidiana.

Pero ya ves, ¡estoy tan solo!
y mis hijos nacieron muertos!,
viven con cadenas de olvido
y jamás serán respetados.

De pronto… se quedó en silencio 
al ver lágrimas en mis ojos… 
¡Comprendes mis penas!, me dijo,
porque tú y yo, ¡somos hermanos!

Lleva a tus hijos a cantar,
¡a la Patria, a la Bandera!
Que bendigan a nuestra tierra 
en la que podrán descansar.

Este es mi último reclamo.
Voy a morir en las quebradas,
mi carne retornará al polvo
y me verás… en plumas negras.

JOSEFO
ARTURO ANTONIO TORRES MUÑOZ



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Epigrama. Popular y tiempo de tormentas.

Foto de Jo Kassis: https://www.pexels.com/es-es/foto/edificio-roto-destruido-abandonado-5461936/
Epigrama
Mario, “el delgadito”,

Pobre de Mario, “el delgadito”,
¡no lo deja la diarrea!
 Algo le saben los vecinos
que ya se apuntan las comadres.
Y es que:
Si tiene fríos en primavera
es que está descobijado.

QUIEN NO DENUNCIA ES CÓMPLICE

Los movimientos sucios con el tiempo se cobran, pero los políticos ya ensucian la pasarela. https://aristeguinoticias.com/2702/mexico/ahora-pide-pan-investigar-nexos-de-morena-y-mario-delgado-con-crimen-organizado/

TIEMBLA MARIO DELGADO:

Cuando no se controla la lengua se despiertan los rivales y se reconocen en el color.

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Poesía. LA CASA DE LOS ABUELOS

Villa López, Chihuahua. México

Imágenes y caricias que viven en el alma

Ojo de agua Villa López, Chihuahua.

Tus recuerdos

Estoy seguro de que parte de mis recuerdos también son iguales a los que llevas en el alma.

LA CASA DE LOS ABUELOS

Villa López
Chihuahua

Al despuntar la tarde 
de anejas mocedades, 
desandando el camino 
sin regresar los pasos. 

Quiero que mi alma vea 
parte de mis inicios,
la cuna de mis padres,
la tierra de mis raíces.

Ya se ha quedado atrás,
dormida en el camino, 
la historia de otros sueños, 
que fue, Santa María.

Ya miro a la distancia
el viejo campanario
de San Buenaventura,
Reina de Villa López.

Yo quiero traerte el canto,
la herencia que dejaron
mis padres y mis tíos;
de mis primos y hermanos.

Todos fueron como aves
y algunos no volvieron,
ya viven limitados
por mármol y canteras.

Otros, hilan sus penas,
misterios de un rosario
tan lleno de añoranzas,
llorando sus deseos.

Soy polvo de tu polvo
y te llevo en la sangre,
la sangre de un juglar
por nadie conocido.

¡Vuela, precoz recuerdo!,
sobre empolvadas calles,
límite de zaguanes
y empedradas banquetas.

Vuela sin detenerte
por todos los rincones,
sin que tengas límites
de bardas, ni portones.

Y cuando tu mirada
lo cubra como un manto,
deja a mi andar de niño
correr sobre mis huellas.

¡Ya detente y descansa!,
ya llegaste a la casa
donde amé a mis abuelos;
los de abundantes besos.

¡Huele, aroma de adobes!,
las encaladas bardas
cuál pecho de palomas
que invitan al sosiego.

Frescos techos de vigas,
de trabes y paletas,
de paja y de carrizo.
¡Nido de golondrinas!

Aquel fresco granero,
lleno de costaleras 
de avena, trigo y maíz,
de tamo y de mazorcas.

Reviví en tu ojo de agua,
las risas de los niños
pescando pececitos,
en tus viejas compuertas. 

Caminé sus riberas,
buscando aquellos juncos,
las jaras y carrizos
que al viento perfumaron.

Pero ancestrales troncos
de álamos ya marchitos,
con pena, me dijeron
el robo del olvido.

No encontrarás el musgo
ni su nido de peñas,
las parvadas de garzas, 
ni el canto de los patos.

Las húmedas acequias
llenas de girasoles,
de anís y hierbabuena;
para aliviar tus males.

Hay soplo de esperanza,
de hijos que no se olvidan,
que reparan los daños
del tiempo, y tantos años.

Repararán los atrios,
y el viejo campanario
nos seguirá llamando
a las misas de gallo.

Camina a las labores,
de esmeraldas olas
doradas por los vientos,
espigas de trigales.

Te esperan los abuelos,
cosechando sandias
para adornar los platos
de tiernos comensales.

Prenderán los fogones,
vendrán risas y pleitos,
regaño de mayores,
y calor de familia.

Ya prendieron sus luces
los escasos faroles
que iluminan las calles,
y alientan las consejas.

Bancos de tronco y piedra
con estrellados techos,
luceros y cocuyos
que desgarran la noche.

Y adentro, el dormitorio
de abigarrados niños,
cubiertos de sarapes
de risas y jalones.

Cobertores sin dueño
por el sueño olvidados,
los que solo esperaron
que vieran los abuelos.

Ya llega la alborada
y el canto de los gallos.
Volverán los tropeles
carreras y pedradas,

Aroma de canela,
y gritos de la abuela.
¡Hay que ganar las sillas
que invitan al almuerzo!

Pero hoy, todo es silencio,
¡como una despedida!,
espero que la vida
deje volver a vernos.

Ya es hora de partir,
que duerman los comales;
que guarden sus aromas
gardenias y rosales.

Te llevaré en mis venas
y alentarás mis ansias,
me llevaré en el pecho…
Lo que solo tú sabes.

Volveré con la tarde
cargado de nostalgias,
buscando las plegarias
y besos de mis padres.

Me llevaré ese aroma
el que aún no identifico,
que habla de alfalfa y paja,
trigo, avena y establo.

In memoria
Fam. Torres Aguilera
Fam. Torres Muñoz


Arturo Antonio Torres Muñoz
Josefo dic. de 2003

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